El pasado día 4 se falló en Valladolid el Primer Premio Nacional de Poesía José Zorrilla, creado y patrocinado por mí junto a la Fundación Cultural Axa como homenaje a mi ciudad natal Valladolid. Soy paisano, pues, del insigne D. José Zorrilla, magnífico poeta creador entre otras muchas obras de su “Don Juan Tenorio”, el más conocido, el más universal. Por eso he dado su nombre al premio.

He tenido el alto honor de haber podido componer un granado y destacado jurado: como Presidente D. Luis María Ansón, académico de la lengua y gran periodista. Carlos Aganzo, periodista y poeta. Ouka Leele, poetisa, pintora y maravillosa fotógrafa. Jesús Fonseca, gran periodista. Antonio Colinas, uno de los más grandes poetas contemporáneos españoles. Miguel Ángel Matellánez, editor. Y como Presidente de Honor Jesús Julio Carnero, Presidente de la Diputación de Valladolid y extraordinario defensor de la cultura.

Pueden imaginar lo feliz y orgulloso que me sentí de que estas personalidades se congregaran en Valladolid, alrededor del Premio que es tanto como hacerlo a mi propio entorno.

El ganador: Jorge de Arco, poeta madrileño y profesor de Literatura. Nada conocía de él salvo parte de su obra y dentro de lo complejo que siempre resulta elegir un solo premiado, el contenido de su obra “Las horas sumergidas” le acredita como uno de nuestros primeros poetas españoles en la actualidad.

Siempre he tratado de ser útil a los demás, y careciendo de talento para escribir, componer, pintar… entendí que la mejor forma de homenajear a una de mis debilidades literarias, como es la poesía, sería crear un premio que ayude a difundir tan importante especialidad.

Pronto estará editado y presentado en dos grandes galas en Valladolid y Madrid, y cuando alguien de ustedes descubra en una librería el mencionado titulo, por favor adquiéranlo si les gusta la buena poesía.

La mejor forma de homenajear a los autores es representándoles y leyéndoles, por lo que les animo a leer poesía a través de la cual llegas a comprender mejor muchas cosas que nos rodean y que, en ocasiones, no percibimos. Cosas bellas y hermosas que enriquecen nuestro propio carácter.

Hace unos días me llevé una sorpresa: En un instituto, la mayoría de los alumnos conocían y recitaban a muy diversos poetas. Sigamos su ejemplo. Gracias.

Cordialmente.

Enrique Cornejo