Imborrable por tantas víctimas, heridos, familias afectadas como hemos podido comprobar en documentos televisivos: dolor por doquier, el mismo que uno siente al no poder hacer nada sino pensar en cuantos han protagonizado este horrible accidente.

Al impacto que personalmente me ha producido esta tragedia, se une mi dolor personal porque entre los desaparecidos, desde el primer momento se encontraba uno de esos pocos amigos que se tienen en la vida: Enrique Beotas.

Enrique ha sido mi amigo, mi compañero de tertulias, mi asesor en muchos aspectos de mis inquietudes artísticas… ha sido un extraordinario periodista a quien siempre admiré y envidié ( él lo sabía ), por la rica y variada facilidad para escribir sobre tantas cosas bonitas como nos rodearon juntos, especialmente mis premios La Butaca de Plata, sobre la que siempre escribió de forma antológica glosando la figura de cuantos recibieron este premio.

En los teatros Muñoz Seca y Reina Victoria de Madrid tengo expuestas diversas fotografías que recogen muy diversos momentos de nuestra gran amistad. De él recibí la Antena de Oro en Toledo y el Premio La Rebotica en Madrid, ambos en versión teatral. Pero sobre todo siempre recibí el aliento y el calor de su amistad.

Es obligado y lógico recordar en estas líneas a su esposa e hija, pilares fundamentales que fueron en su vida, pero también pasan por mi mente en estos momentos de sentimiento algunas, muchas de tantas personas como le han querido y lo seguirán haciendo en su memoria.

Querido Enrique: nada va a ser igual sin ti, en el entorno diario de nuestras vidas.

Enrique Cornejo

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