Hace unos días escribí en La Otra Crónica un pequeño relato que comparto con vosotros:

El empresario teatral Enrique Cornejo, en una foto cedida en exclusiva...

 

En cualquier parte donde te encuentres, inevitablemente la Navidad te transporta a recuerdos que forman parte de tu propia historia. Pueden pasar por todos nosotros ráfagas de las distintas épocas, de las muy variadas situaciones que han envuelto nuestro recorrer por la vida.

La Navidad ha sido siempre motivo de felicidad, de encuentros con personas queridas y el recuerdo siempre de una infancia que nunca dejamos de añorar, aunque a veces no se confiese. También sirven estas fechas para recordar, de forma especial, a nuestros seres desaparecidos que siempre llevaremos en el corazón.

Pero estas navidades nos traen el acercamiento hacia tantas personas próximas o desconocidas, a las que nos gustaría abrazar y decirles que nos sentimos a su lado. A tantos jóvenes que están buscando su primer empleo, a tantos adultos que lo han perdido, a tantos jubilados que de nuevo albergan en sus hogares a los hijos que marcharon y han vuelto con los nietos.

No podemos obviar que la sociedad necesita, hoy más que nunca, una Navidad llena de comprensión y apoyo a cuantos están en situaciones difíciles. Los que somos creyentes adornaremos simbólicamente el rincón más íntimo de nuestro hogar con expresiones religiosas o con christmas de amigos, o con cualquier otro recuerdo que nos remarque la tradicional fecha.

Algunos, yo, prometemos pasar de puntillas estas fechas tan queridas, tan llenas de símbolos, con deseo de hacer llegar a cuantos quieran y puedan escucharnos que estamos allí, a su lado.

Ojalá la sensibilidad ciudadana llegue a los Padres de la Patria y se esfuercen en poder crear soluciones al dolor y tristeza que para muchos no va a poder paliar la ilusión de la Navidad.

Intentemos ser felices, hacérselo a los demás en estas marcadas fechas… y siempre.

 

 

Enrique Cornejo

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