Hace tiempo que no me enfrento a este mi blog. Confieso que algún benévolo lector me pregunta por qué. Naturalmente quienes lo dicen son gente amiga…

Prometo ser más frecuente en mis comentarios, pero confieso que redacto con cierta facilidad pero no manejo internet. En ese sentido mis manos y mis pies al efecto lo representa la sabia colaboración de mi fiel Elvira.

Lo natural es que aproveche esta oportunidad para trasladaros a cuantos podáis seguirme, mi mejor y mayor deseo de felicidad en este principio de año y sea cual fuere la época. Y como la vida, en la universidad que representa, te va enseñando asignaturas humanistas, para mí la felicidad que deseo y que practico es que nos amen y nos dejen amar.

Desde esta perspectiva iremos consiguiendo volver a unir fraternalmente una sociedad disgregada y un tanto apartada de la Escala de Valores que yo siempre defiendo porque es el eslabón que nos permitirá, precisamente, ser felices. Que sean felices. Inclusive nuestros políticos, ¿por qué no? Y que desde esa felicidad velen, como es su obligación, por los ciudadanos que somos gobernados.

 

Hasta la próxima.

 

 

Enrique Cornejo

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