La verdad es que llevo unos días enriquecedores en mi espíritu. Debe de ser, entre otras cosas, porque no leo a políticos ni economistas.

Hoy he estado en la celebración del 25º aniversario del Proyecto Stela de la Fundación Síndrome de Down de Madrid. Han sido dos horas deliciosas, donde he compartido este tiempo con esas personas “especiales”, que nos envuelven y que nos ayudan a sentirnos mejores cuando les tratamos.

Yo, particularmente, trabajo con unas de esas personas: un chico eficaz, inteligente y preciso. Y sobre todo de una humanidad que me ayuda a intentar ser mejor. Me permito aconsejar a todo el mundo empresarial que haga un hueco en su plantilla para una de estas personas “especiales”, pudiéndose dirigir a la Fundación Síndrome de Down.

He dialogado con sus jefes y me han confirmado lo que yo experimento diariamente: el enorme caudal de eficacia y amor que desprenden. Y he podido saludar a sus familias, que también conforman un mensaje constante de bondad y comprensión.

De verdad, a cuantos podáis leerme, merece la pena ser “buena gente”.

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