Ayer martes temprano partí de viaje en tren. Me extrañó ver gran cantidad de policía en la estación de Chamartín y confieso que me preocupé: pensé que podía ser preludio de uno de tantos acontecimientos como por desgracia vienen ocurriendo últimamente.

Ya en el tren (siempre me ocurre, pero ayer más) me acordé de mi inolvidable amigo Enrique Beotas. Este gran periodista pereció en el accidente ferroviario de hace un año.

Llegué a mi destino, Valladolid y me enteré del terrible accidente aéreo que ha costado la vida a tantas personas. Y todo se entremezcló y agolpó en mi mente.

Tanto preocuparnos por cosas que no resultan tan importantes en el desarrollo de nuestras vidas y éstas pueden verse sesgadas en cualquier instante en que nuestro destino surge al paso.

Así pienso, así siento y mi dolor vuela a esos niños, a esos adultos que todavía en estos momentos yacen en unas montañas que la naturaleza nos ofrece para el ocio deportivo de la nieve y que sin embargo hoy envuelven a tantas personas…

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